La Forma del Agua (The Shape of Water), película de Guillermo del Toro: Análisis y Opinión

«Cuando él me mira, no sabe que estoy incompleta».
Ésta es una de las frases que nos quedan de la cinta ganadora de los premios Oscar al mejor director y a la mejor película del año, clasificada como ‘un cuento de hadas de otro mundo’. Pero ¿es realmente una digna merecedora del máximo galardón que la cinematografía puede otorgar?

Análisis

Desde un primer momento, nos queda claro que Elisa Esposito (Sally Hawkins), la protagonista de esta historia, es desdichada. Y ¡cómo no!, si la pobre está impedida del habla: es muda. Mientras el mundo gira a su alrededor, parece que ella no lograse ser parte de él; pero, en cambio, vive atrapada en una estricta y aburrida rutina de ir y regresar del trabajo. Si bien labora como simple personal de limpieza de turno nocturno, lo hace al interior una hermética instalación gubernamental; aunque ni siquiera por esto su día a día se ve dotado de un mínimo de emoción.

Por supuesto, esto cambia de improviso cierta noche, cuando Richard (Michael Shannon), un nuevo superior, altanero y despectivo, llega a trabajar en aquella instalación; pero lo más fascinante es lo que trae consigo: un monstruo marino (Doug Jones) capturado en la amazonía, donde era venerado como un dios.

A escondidas, Elisa se las apaña para dar con esta criatura y, tan pronto como llega a conocerla, siente una conexión con él. De esta manera, ellos dos establecen poco a poco una extraña relación —que, de una u otra forma, se podría considerar incluso como domesticación—; como es de esperar, todo esto lo lleva a cabo muy a expensas de sus amigos, las únicas dos personas que logran comprenderla y sacarle de vez en cuando una sonrisa: Zelda (Octavia Spencer), su colega de limpieza, y Giles (Richard Jenkins), su vecino homosexual, un artista cuyo arte nadie valora ya. Sin embargo, a fin de cuentas, serán ellos quienes se verán obligados a ayudarla a vivir su monstruoso cuento de hadas, que corre peligro de ser estropeado por el malévolo Richard.

Opinión

Desde que se estrenó esta película y quizás desde antes, causó un sensacional revuelo en los medios y el universo cinéfilo. Su favoritismo para ganar los premios Oscar era un secreto a voces y, ahora que ha ganado, el revuelo sigue vigente y aun renovado. Debido a esto mismo es que, por más que mi primera intención había sido dar inicio al blog con una novela, intentaré aprovechar la coyuntura y comenzar con esta película.


Guillermo del Toro nos sitúa en medio de la guerra fría, donde, como se sabe, la carrera armamentística entre la Unión Soviética y Estados Unidos se corría a la gana gana: todos querían las últimas armas y desconfiaban de los avances del oponente… y hasta de su propia gente, pues nunca se sabía quiénes eran traidores espias. Esto cobra importancia en la historia, ya que aquel es el motivo de la llegada del monstruo y también de cómo se decidirá su destino.

Este escenario hace la trama mucho más interesante, ya que, a pesar de ser partícipes desde un principio de quiénes son los malos y quiénes son los buenos en el cuento, añade otro punto de vista al porqué de su accionar.

No obstante, dejando de lado el contexto, es imposible no ser abordado de aquel sentimiento de "hum… esto ya lo he visto antes"; lo cual no resulta para nada contradictorio, pues se muestra muy obvia la inspiración que recibió el guión del cuento de hadas por excelencia: nada más y nada menos que La Bella y la Bestia.

En efecto, esto hace el desarrollo un poco previsible, pero no lo suficiente como para arruinar la experiencia, aunque sí lo suficiente para que no llegue a ser completa. Si bien unos toques de misticismo también entran en escena, al igual que un cariz de magia, la película no se diferencia en exceso del resto y, en ciertas ocasiones, puede resultar plana; mas, a pesar de esto, nunca resulta aburrida, al punto que considero imposible bostezar mientras se la mira.


Valoración: 7/10

El film es agradable y teatral. No es una mala película; de hecho, es un nuevo punto de vista de una historia ya conocida, con un final que difiere mucho de lo que estamos acostumbrados: el monstruo no se convierte en humano, sino que sucede lo contrario. Sin embargo, pierde un poco este extraño encanto con la inclusión de una sexualización innecesaria, que se hace presente, al parecer, sólo por estar de moda en el mundo actual: monstruos, humanos, todos contra todos y todos contra todo.





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